MI VIDA EN LAS MORAS, MI RANCHITO QUERIDO

tantos recuerdos bonitos y tristes a la vez

Estoy muy orgulloso de haber nacido en un jacal de adobe en Las Moras, un rancho en Zacatecas, México, donde también pasé los años de mi infancia. Tengo muchos recuerdos, unos muy bonitos y otros muy tristes, de mi vida en Las Moras. Pero lo que mas recuerdo es que cuando era la hora de la comida, mi Mamá siempre tenía frijoles de la olla recién cosidos con tortillas recién hechas, bien calientitas y con chile rojo del molcajete que sabían como si hubieran sido mandados del Cielo. Además, vivía con mis padres y con mis hermanos. Un niño, como yo era en aquellos entonces, no necesita mas para ser feliz. Voy a compartir con Uds. unos cuantos recuerdos mas de mi vida en Las Moras.©

Aunque me pasaba todo el día en el sol, me encantaba trabajar en el campo con mi Papá

Cuando yo tenía 5 años, mi Papá me empezó a llevar al campo, durante la temporada de la siembra, para que le ayudara a sembrar maíz. Mi Papá abría surcos con un arado, y yo, caminando detrás de el, tenía que tirar una semilla de maíz a cada paso. Pero durante mi primeras semanas en el campo, a veces en lugar de tirar una semilla, tiraba puños de semillas a los animalitos que brotaban de la tierra cuando el arado abría los surcos. Otras veces, regaba las semillas por todos lados. De castigo, mi Papá me dejó en la casa el resto de esa temporada. En las temporadas que siguieron, ya no me tuve que quedar en la casa. A pesar de que trabajabámos de sol a sol y bajo un sol bien caliente todo el día, me encantaba trabajar en el campo con mi Papá. Viendo bien las cosas, estoy seguro de que, debido a que era solo un niño en aquel entonces, a veces era mas estorbo que ayuda.© 

Mi perrito Solovino sabía cuando La Muerte andaba rondando

Cuando yo tenía 8 años, un perrito Prieto sin dueño a quien nombré Solovino llegó a nuestra casa y entró a mi vida. Era cariñoso, juguetón, leal, y poseía un sentido especial. La gente del rancho creía que los perros saben cuando la Muerte anda rondando. Un día, mi Mamá, yo y Solovino fuimos a visitar a uno de mis tíos favoritos quien vivía cerca y quien estaba muy enfermo. Debido a que no había doctor en Las Moras, si alguién se enfermaba, se curaba con remedios caseros o se moría porque la gente no tenía dinero para ir al doctor en Tlaltenango.  Ese día, regresamos a casa muy contentos debido a que mi Mamá pensaba que mi tío se iba a aliviar pronto porque notó que se veía mejor que cuando lo había visto un mes antes. Como a la media noche, Solovino soltó unos aullidos escalofriantes. Al día siguiente supimos que mi tío había muerto como a la media noche. A los pocos días después, Solovino aulló otra vez. Después supimos que alguien había muerto como al mismo tiempo que Solovino había empezado a aullar.©

Cuando La Muerte me estaba acechando, Solovino me salvó la vida dos veces

Una mañana, cuando Solovino y yo andabamos juntando leña para mi Mamá, de repente me di cuenta de que un coyote me estaba acechando y que me estaba tanteando como si estuviera mirando a su desayuno. Solovino se le lanzó. Después de pelear con Solovino por unos minutos, el coyote huyó chillando y sangrando. Solovino quedó con solo unos rasguños. Al pasar las semanas, se volvió nervioso, gruñón, agresivo y empezó a babear espuma. Un día, se desapareció. A los pocos días, lo encontré. Estaba muerto. Al verlo, me puse a llorar como el niño que era en aquellos entonces. Con el tiempo, llegué a comprender que Solovino me había dejado y que se había ido a morir solo porque presintió que la rabia que lo estaba matando era la Muerte misma que me estaba acechando. Nunca olvidaré que Solovino me salvó la vida dos veces y que dió su vida por la mía. Por eso cada vez que escucho la canción Caballo Prieto Azabache me llena tanto de tristeza, que a veces me pongo a llorar.©

Gozando de la vida andando a rais

Yo casi siempre andaba descalzo. Sin embargo, cuando tenía que “Dominguear,” me ponía unos huaraches que mi Papá compraba en Tlaltenango. Pero me sentía mucho mas a gusto andando a rais. No empecé a usar zapatos hasta que llegamos a Tijuana, donde vivimos como un año y medio antes de venirnos a este país. Pero antes de acostumbrarme a andar en zapatos, padecí de ampollas y de callos por muchos años.©

Llegó el correo . . . al fin

Una día, recibí una carta de un primo en este país. El y su familia se habían ido del rancho a vivir a Los Angeles porque la gente del rancho creía que en El Norte uno podía ganar dinero a puños llenos sin tener que matarse tanto. Su carta se tardó un mes para llegar porque nuestra oficina de correo estaba en Tlaltenango. Si alguien quería enviar algo por correo a algún lugar, lo tenía que llevar a Tlaltenango. Si alguien quería enviar algo por correo al rancho, lo tenía que mandar a Tlaltenango. Cada vez que alguien del rancho iba al pueblo, pasaba por la oficina del correo para ver si había correo para el rancho. A veces, semanas pasaban antes de que alguien del rancho fuera al pueblo.©

Llegó la gran novedad . . . al fin

Cuando uno de mis tíos estaba por casarse con una jóven de otro rancho, tenía programado traer a su novia a Las Moras el día de la boda en un carro del año que otro de mis tíos había traído de El Norte. Debido a que no había ninguna carretera en el rancho, días antes de la boda, gente del rancho se puso a escombrar y a ampliar un camino para que el carro pudiera pasar. El día de la boda, cuando el carro con la novia iba llegando al rancho, gente del rancho se orilló al camino porque todos querían ver la “gran novedad.” Esa fue la primera vez que ví a un carro.©

Llegó la hora de bañarse . . . ni modo

En el rancho no teníamos agua potable pero había un pozo de agua y un río cerca de nuestro jacal. En la temporada de las lluvias, cuando el pozo y el arroyo se llenaban, había agua para todo. Pero en la temporada de las secas, el río se secaba, y el agua del pozo se usaba solo para cocinar porque el nivel de agua se hundía. En la temporada de las secas, mi Mamá, de vez en cuando, llenaba una tina de agua del pozo. Con esa agua, mis hermanos y yo nos teníamos que bañar. Como yo era el mayor, yo siempre era el primero.©

RECUERDOS EN FOTOGRAFÍAS DE MI VIDA EN LAS MORAS

  • El jacal donde nací y donde viví con mi familia durante mi infancia, que fue uno de los tiempos mas felices de mi vida

    Retoños de maíz que mi Papá y yo sembrábamos, creciendo detrás de nuestro jacal, durante la temporada de la siembra

  • El río cerca de nuestro jacal después de una tormenta, durante la temporada de las lluvias cuando había agua para todo

  • El agua del rio, donde jugando con mis hermanos muchas horas muy felices me pasé, anunciando el fin de la temporada de las lluvias